Crónica del 100×100 Half Ametlla de Mar, por Rubén Monmany

CRÓNICA DESDE LA COLA
Después del mal sabor del final de la temporada pasada me enfrentaba a este fin de semana para ver si mi cabeza estaba donde tenía que estar. Me he planificado los entrenos basándome en sensaciones y asegurando disciplinas y, tenía claro que estoy bien en el run, mal en la bici y no sabía como nadaría después de Berga.
Llegamos el viernes al Camping y ya la cena con compañeros de equipo me pone en modo competición, bromas para ocultar los nervios y muchas muchas ganas que sea domingo. El sábado por la mañana aprovechamos para dar una vuelta al circuito de bike con Paco Silva y Oscar Pastor y me queda claro que las pasaré muy muy canutas. Aprovechamos y nos pegamos un chapuzón en el mar para liberar tensiones y seguimos con la terapia de grupo mientras a lo largo del día vamos sumando más y más rayos. Me encanta este ambiente de grupo, de nervios, de calma antes de la tormenta. Nos acostamos el sábado y consigo dormir hasta que me despierta la tormenta y me empiezan a azotar los fantasmas de Berga. ¿Cómo estará el agua? ¿Podré hacerlo?
Me levanto nervioso y veo que ha amanecido con bastante viento – la fiesta pinta aún mejor ¡mierda! – pero tener a Bárbara al lado me recuerda que todos los madrugones tiene que haber servido para algo.Vamos para boxes y para la salida y me encuentro con todo el mundo, está hasta Marta Belmonte, la persona que me metió en esto. Tengo muchas muchas ganas de salir, pero la sonrisa siempre ayuda a calmar los nervios.
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Ya en la salida, me abro y dejo que salga mucha gente antes de meterme yo, quiero nadar tranquilo y sin nervios, pero empiezo a hiper ventilar. Pienso en las horas de piscina y cierro los ojos hasta la primera boya aguantando algunos golpes. Al pasar la primera boya, busco un carril limpio y me concentro en la técnica y voy analizando mis fallos. Me empiezo a sentir cómodo y veo que dejo a otros triatletas atrás, tengo buenas sensaciones y por fin disfruto del swim.
Salgo del agua y no creo lo que veo en el Garmin, 33 min, ¡BRUTAL!
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Entro en boxes y me lo tomo con calma, veo entrar a Enric Vicente, David Soler, Endika del Hospi y, siento que el entreno esta vez me ha servido para no ser vagón de cola (también tengo un poco de orgullo). Arranco con la bici y me empieza a doler la rodilla izquierda, viejas heridas de guerra… mientras me empiezan a pasar decenas de triatletas (es mi aquiles a mejorar en los próximos tres meses) pero me concentro en lo mio y aprovecho para ir comiendo y bebiendo.
Supero la primera vuelta con bastante dignidad y me defiendo en la segunda, cuando empieza a soplar el viento de verdad. Me preocupa cuando veo a Juanma y me dice que abandona y dejo de ver a Javi Inés. Y disfruto de los ánimos del resto de compañeros de equipo. El día es duro de cojones y se complica cuando una avispa me entra en el tritraje y me pica en el pecho, arranca la tercera vuelta y las piernas dicen basta. En ese momento decido no abandonar, no hemos llegado hasta aquí para dejarlo. Veo que se alargan los tiempos de paso que me iba midiendo y voy contando la gente que va detrás mio ¡deseo llegar ya a correr!… no queda nada.
Llego a boxes y veo a Bárbara, Eli y Marta que animan a tope! También están mis suegros. Hago una transición rápida y arranco a correr a 4:45 los tres primeros kilometros, lo necesitaba!!!! La rodilla sigue molestando pero necesito acabar este half!! Adelanto a Jordi Borrell ¡Qué capacidad de sufrimiento tiene este tío! y sigo para adelante aunque el ritmo sube a 5:20. Llego a la altura de Xavi Carvajal que me lleva una vuelta de ventaja y corro un rato con el, nos animamos mutuamente y al finalizar mi primera vuelta le dejo atrás (Xavi, lo siento, pero en ese momento eso me dio algo de fuerzas y me ayudo un poco a nivel de autoestima), mientras Iván nos pasa como un avión. Se merece un gran día.
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A partir del km 10, empiezo a notar dolor en la planta del pie, me he mojado en exceso y se me ha mojado, tengo ampollas. Sigo en la segunda y tercera vuelta subiendo de ritmo hasta los 6:20 y ando en un par de subidas donde el pie me molesta mucho. Esta vez no puedo reír y sufro mucho pero los ánimos de la gente son brutales, se lo debo, me lo debo.
Finalmente llego a meta con una media maratón en poco más de 2 horas, muerto, quemado por el sol pero total y absolutamente feliz. Me he quitado una espina que ha estado allí 7 largos meses y comparto la alegría del equipo, del primero al último de estos valientes.
Espero disfrutar de nuevo en Banyoles estando mejor en la bici y que allí Paco, Javi y Juanma entren en meta mucho antes que yo ;)

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